Comenzaba todo con tiempo, y qué suerte. Esperaba a mis seis compañeros de noche y de micro y ya surgía el primer inconveniente (y casi el último afortunadamente): Me había dejado mis escritos en el bar donde había estado tomando algo con Sergio, para no decaer.
Fui corriendo intentando evitar la desgracia, y allí estaban, ¡salvado! El camarero me dio una gran alegría al decirme que me los había guardado. La cosa mejoraba. Fue llegando la gente: Amigos, viejas caras, gente conocida y completos extraños. Eran inevitables los saludos y los reencuentros. Había expectación en el ambiente. Para mí el tiempo era un instante complejo y los nervios una agradable sensación. Se retrasa nuestro amigo y compañero Eduardo, pero al cabo llega y celebramos su aparición. Son y veinte y va a comenzar. Le doy la señal a Frisa que, lentamente, baja los fades de la música.
Un tranquilo Nacho da comienzo al acto presentando a las personas que participan: Elia, Sergio, Mapi, Eduardo, María, Mapi y el que escribe. Unas palabras relajadas y solemnes prometen una noche con expectativas. Espero que se cumplieran.
Los nervios desembocan en mi turno, mi turno en el que rompo el hielo dando agradecimientos (totalmente sinceros) a todos los que hicieron posible la noche. Aunque suene a tópico, en esa ocasión a diferencia de otras, no hubiera sido posible de otra manera. Para relajar el ambiente un poema sacada del celuloide provoca la risa y nos relaja a todos (sobre todo a mí). Comienzo brevemente a recitar unos poemas iniciales y, al poco, anuncio haber encontrado en un autobús un cuaderno de poemas (presuntamente de otras personas). Me dispongo a leer los textos del poeta sin rostro. Ya voy acabando y siento la velocidad final. Me queda poco tiempo y he de ir acabando. Un texto rotundo finaliza diciendo: "Estos no son mis escritos".
Un cuaderno apócrifo: Siempre me gustó la farsa.
Detrás de mí vendría Elia, con sus poemas de cuerda. Con los nervios del momento dota a sus textos de una carga neurótica que inquietó todo el bar. Finaliza sus poemas y contenta, acaso piensa que desearía no haber tenido esos nervios, pero le da igual porque todo marcha según lo previsto y nadie podría estar más contento.
Así se seguirían el resto de mis pedazo de compañeros; Sergio con su poesía midiendo gramo a gramo la noche (como si fuera algo pertinente de medir) sorprende con su poesía llena de conceptos, donde el cuerpo toma un lugar indiscutible, las imágenes fluyen de sus textos y un Rolando Mix inicia sus palabras. Aparece entonces Mapi, con su poesía esencial, de la pura mujer, en la que la causa de una mujer Macarena, o mejor dicho de La Mujer, nos cautiva al bar entero.
El descanso... la euforia comienza a brotar; pero aún queda la mitad de compañeros y ellos aún sufren los nervios en silencio. Quince minutos, hay que volver. Nacho, ya aliviado, finaliza su segunda presentación, en el tono reposado de la noche. Sale Eduardo, desde el otro lado del océano sus palabras vienen a la ciudad del cierzo a mostrarnos la cara de la vanguardia, una poesía que no deja indiferente y que nos sumerge en los movimientos de ajedrez y las mortales balas. Le toca a María, como la mayoría es su primera vez en esto, con voz dulce nos va deshojando los entresijos de una historia de alzheimer que, inevitablemente, tenía que ser de final a principio, un tono ambiguo se mezcla en el ambiente. Risas y tristeza, por ambas partes.
Llega el final, la euforia está al borde de la explosión. Ainhoa se prepara, con su original propuesta, como una juglar de épocas cercanas a través de libros lejanos comienza su función de rapsoda de una historia en verso en la ciudad de Venecia, su cándida voz nos deja perplejos a todos mientras nos introduce en una historia anacrónica. Aplausos finales. Todo ha acabado. No puedo evitar la sonrisa de quien está feliz, esa que no se borra de la cara. Alterado (o altercado) de aquí para allá saludo y despido, a diestro y siniestro, una noche pare recordar. Nos hacemos fotos juntos y, así, comienza la noche y la celebración. Pero lo que en la noche pasa, en la noche queda y es harina de otro costal.